
Una noche cuando ella era niña pidió un deseo a una estrella fugaz que vio pasar por el bello cielo nocturno de un campo inhóspito.
Ella era muy pequeña e ingenua, y con su mente infantil le pidió la hermosa estrella “Deseo que yo pueda ser feliz”
Riendo de manera inocente entro a la pequeña casita del campo y soñó aquella noche con distintas cosas que la hacía feliz.
Soñó que tenía una hermanita, que a pesar de hacerla enojar la quería. También tuvo la oportunidad de ver distintos lugares, casa, paisajes, de todo un poco, y cada uno presentaba una belleza inimaginable.
Viajó a través de los cielos y del océano impulsada por hermosas alas blancas que salían de su espalda de piel pálida, la cual era cubierta por un bello vestido también blanco.
La niña cada vez más fue creciendo hasta aparentar unos quince años.
Cuando llego hasta aquella etapa de su vida encontró una reja negra que le cerraba el paso.
Buscó una puerta de entrada, peor no la había.
Al otro lado de la reja estaba todo de un color oscuro, tan negro como la misma profundidad de la noche.
Una capilla estaba en el fondo del lugar, erguida de manera imponente y aterradora al fondo de lo que parecía ser un patio de jugos.
¿Por qué estaba allí? Se preguntó temerosa, siguió buscando una entrada. Cuando ya se daba por vencida encontró una parte donde la reja de metal negro estaba rota, tomó algo de aire y un poco temerosa se aventuro a entrar en el lugar de la oscuridad.
Todo era frío y lúgubre, peor ella avanzaba tratando de ignorar a su alrededor.
Ella se había dado cuenta de que estaba en su pasado, en los lugares más oscuros y tristes y solos de su pasado.
Pudo hay ver cuando unas niñas de doce años se reían de ella, como lloraba sólo es su habitación y como muchas veces pensó que ya no valía nada
Pudo ver como amistades se marchitaban ante sus ojos y el dolor que aquellos recuerdos le provocaban podía sentirlo en su corazón.
Siguió caminando, ahora más aprisa, con miedo de mirar atrás.
Corrió con los ojos cerrados, podía escuchar como la insultaban, como reían de ella, y de pronto, se acabó
Comenzó a sentir una extraña paz, podía decir que ahora estaba protegida, se sentía muy a gusto en aquel lugar.
Abrió los ojos y pudo observar a muchos ángeles sonriéndole y diciéndole que fuera con ellos.
En aquel lugar se respiraba paz, una tranquilidad indescriptible, era como estar en el hogar tan ansiado rodeada por sus seres queridos.
Bibibip… bibibip… bibibip…
El despertador había cumplido su cometido. La había sacado de aquel mundo done ella era feliz, un mundo de sueños y tranquilidad.
A regañadientes se levantó de la cama y se baño, se vistió y ordeno el lugar.
Fue a la cocina, no sin antes pasar por la habitación de su hermana pequeña, que dormía placidamente en su habitación. Sonrío al verla tan tranquila.
Su madre había dejado hecho el almuerzo aquella mañana antes de irse a trabajar a las seis de la mañana
“Gracias mamá2 pensó para sus adentros.
Tomó la jarra de leche y sirvió un vaso, fue hasta el PC y lo encendió.
Muchas alertas de ¡QUE TE MEJORES! Salían en la pantallita, ella sonrío y recordó el sueño.
Los ángeles que había visto en su sueño tenían en rostro de sus amigos y de sus seres queridos.
Por qué ella era feliz con su vida aunque muchas veces cayera.
Ella era muy pequeña e ingenua, y con su mente infantil le pidió la hermosa estrella “Deseo que yo pueda ser feliz”
Riendo de manera inocente entro a la pequeña casita del campo y soñó aquella noche con distintas cosas que la hacía feliz.
Soñó que tenía una hermanita, que a pesar de hacerla enojar la quería. También tuvo la oportunidad de ver distintos lugares, casa, paisajes, de todo un poco, y cada uno presentaba una belleza inimaginable.
Viajó a través de los cielos y del océano impulsada por hermosas alas blancas que salían de su espalda de piel pálida, la cual era cubierta por un bello vestido también blanco.
La niña cada vez más fue creciendo hasta aparentar unos quince años.
Cuando llego hasta aquella etapa de su vida encontró una reja negra que le cerraba el paso.
Buscó una puerta de entrada, peor no la había.
Al otro lado de la reja estaba todo de un color oscuro, tan negro como la misma profundidad de la noche.
Una capilla estaba en el fondo del lugar, erguida de manera imponente y aterradora al fondo de lo que parecía ser un patio de jugos.
¿Por qué estaba allí? Se preguntó temerosa, siguió buscando una entrada. Cuando ya se daba por vencida encontró una parte donde la reja de metal negro estaba rota, tomó algo de aire y un poco temerosa se aventuro a entrar en el lugar de la oscuridad.
Todo era frío y lúgubre, peor ella avanzaba tratando de ignorar a su alrededor.
Ella se había dado cuenta de que estaba en su pasado, en los lugares más oscuros y tristes y solos de su pasado.
Pudo hay ver cuando unas niñas de doce años se reían de ella, como lloraba sólo es su habitación y como muchas veces pensó que ya no valía nada
Pudo ver como amistades se marchitaban ante sus ojos y el dolor que aquellos recuerdos le provocaban podía sentirlo en su corazón.
Siguió caminando, ahora más aprisa, con miedo de mirar atrás.
Corrió con los ojos cerrados, podía escuchar como la insultaban, como reían de ella, y de pronto, se acabó
Comenzó a sentir una extraña paz, podía decir que ahora estaba protegida, se sentía muy a gusto en aquel lugar.
Abrió los ojos y pudo observar a muchos ángeles sonriéndole y diciéndole que fuera con ellos.
En aquel lugar se respiraba paz, una tranquilidad indescriptible, era como estar en el hogar tan ansiado rodeada por sus seres queridos.
Bibibip… bibibip… bibibip…
El despertador había cumplido su cometido. La había sacado de aquel mundo done ella era feliz, un mundo de sueños y tranquilidad.
A regañadientes se levantó de la cama y se baño, se vistió y ordeno el lugar.
Fue a la cocina, no sin antes pasar por la habitación de su hermana pequeña, que dormía placidamente en su habitación. Sonrío al verla tan tranquila.
Su madre había dejado hecho el almuerzo aquella mañana antes de irse a trabajar a las seis de la mañana
“Gracias mamá2 pensó para sus adentros.
Tomó la jarra de leche y sirvió un vaso, fue hasta el PC y lo encendió.
Muchas alertas de ¡QUE TE MEJORES! Salían en la pantallita, ella sonrío y recordó el sueño.
Los ángeles que había visto en su sueño tenían en rostro de sus amigos y de sus seres queridos.
Por qué ella era feliz con su vida aunque muchas veces cayera.

*grita*
ResponderEliminarQue-her-mo-so! oh!
De verdad, es muy muy bello ;0;
Me encantó su final, consolará a muchos quienes caen n_n y a veces, maldicen su vida por no ser felices
BaiBai